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  1. #7341

  2. #7342
    Senior Member nieto1 va por un camino distinguido Avatar de nieto1
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    Así dice el Señor:
    – «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle:
    “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano.”
    Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano.
    Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»





    En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
    – «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
    Respondió Jesús:
    – «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»
    El escriba replicó:
    – «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
    Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
    -«No estás lejos del reino de Dios.»
    Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

    Palabra del Señor.

  3. #7343

  4. #7344
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    Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará.
    En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él.
    Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz.
    Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra.
    – «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá?
    Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.»





    En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
    «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.”
    El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; solo golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”
    Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

    Palabra del Señor.

  5. #7345

  6. #7346
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    En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.
    El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.
    Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta jeremías:
    «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»
    En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:
    «Así habla Ciro, rey de Persia: “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!”»





    Hermanos:
    Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo – por pura gracia estáis salvados -, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
    Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
    Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
    Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
    – «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
    Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
    Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
    El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
    El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
    Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
    En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

    Palabra del Señor.

  7. #7347

  8. #7348
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    Así dice el Señor:
    «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear.
    Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito.
    Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.»





    En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea . Jesús mismo había hecho esta afirmación:
    -«Un profeta no es estimado en su propia patria.»
    Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
    Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
    Jesús le dijo: – «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
    El funcionario insiste: – «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
    Jesús le contesta: – «Anda, tu hijo está curado.»
    El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
    – «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»
    El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia.
    Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

    Palabra del Señor.

  9. #7349

  10. #7350
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    En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante – el templo miraba a levante -. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
    Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante.
    El agua iba corriendo por el lado derecho.
    El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos!
    Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas:¡agua hasta las rodillas!
    Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura!
    Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear.
    Me dijo entonces:
    – «¿Has visto, hijo de Adán?»
    A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes.
    Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»





    En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
    Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
    Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
    Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
    -«¿Quieres quedar sano?»
    El enfermo le contestó:
    – «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me adelantado.»
    Jesús le dice:
    – «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
    Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
    Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
    -«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
    El les contestó:
    – «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
    Ellos le preguntaron:
    – «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
    Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.
    Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
    – Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
    Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
    Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

    Palabra del Señor.

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