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  1. #6821

  2. #6822
    Senior Member nieto1 va por un camino distinguido Avatar de nieto1
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    Dijo Jeremías:
    «Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a delatarlo”.
    Mis amigos acechaban mí traspié: “A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.
    Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.
    Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.
    Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!
    Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa».





    Hermanos:
    Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...
    Pues, hasta que llegó aunque la Ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir, Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
    Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea.
    No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.
    A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

    Palabra del Señor.

  3. #6823

  4. #6824
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    En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
    «Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
    Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y serás una bendición.
    Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
    Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenia setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Jarán, y salieron en dirección a Canaán. Cuando llegaron a la tierra de Canaán, Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos.
    El Señor se apareció a Abrán y le dijo:
    «A tu descendencia le daré esta tierra».
    Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas, al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abran se trasladó por etapas al Negueb.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.
    ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
    ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

    Palabra del Señor.

  5. #6825

  6. #6826
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    Abran era muy rico en ganado, plata y oro.
    También Lot, que iba con Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas, de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos.
    Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abran y los de Lot. Además, en aquel tiempo cananeos y los perizitas habitaban en el país.
    Abrán dijo a Lot:
    «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos.
    ¿No tienes delante todo el país? Sepárate de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda».
    Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Soar, era de regadío
    - esto era antes de que el Señor destruyera Sodoma y Gomorra - como el jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron el uno del otro.
    Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
    El Señor dijo a Abrán, después que Lot se había separado de él:
    «Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el levante y el poniente. Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tus descendientes para siempre.
    Haré a tus descendientes como el polvo de la tierra: el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes.
    Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar».
    Abran alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar al Señor.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.
    Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.
    Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
    ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

    Palabra del Señor.

  7. #6827

  8. #6828
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    En aquellos días, el Señor dirigió a Abrán, en una visión, la siguiente palabra:
    «No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante».
    Abrán contestó:
    «Señor, Dios ¿qué me vas a dar si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?».
    Abrán añadió:
    «No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará».
    Pero el Señor le dirigió esta palabra:
    «No te heredará ese, sino uno salido de tus entrañas será tu heredero».
    Luego lo sacó afuera y le dijo:
    «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas» Y añadió:
    «Así será tu descendencia».
    Abran creyó al Señor y se le contó como justicia.
    Despúes le dijo:
    «Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra». Él replicó:
    «Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?».
    Respondió el Señor:
    «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón».
    Él los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba.
    Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
    El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
    Aquel día el Señor concertó alianza con Abrán en estos términos:
    «A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates».





    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
    Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis».

    Palabra del Señor.

  9. #6829

  10. #6830
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    En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
    Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.
    Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
    De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo:
    «Date prisa, levántate».
    Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
    «Ponte el cinturón y las sandalias».
    Así lo hizo, y el ángel le dijo:
    «Envuélvete en el manto y sígueme».
    Salió y lo seguía sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo, ante ellos. Salieron, y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo:
    «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».





    Querido hermano:
    Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
    He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.
    Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
    Más el Señor me estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.
    El Señor me librará de toda obra mal y me salvará llevándome a su reino celestial.
    A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.





    En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
    -«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron:
    -«Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó:
    -«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
    -«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió:
    -«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
    Ahora te digo yo:
    Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
    Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

    Palabra del Señor.

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