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  1. #6631
    Senior Member nieto1 va por un camino distinguido Avatar de nieto1
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    Israel amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.
    Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José:
    «Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos».
    José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos y antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros:
    «Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños».
    Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo:
    «No le quitemos la vida» Y añadió:
    «No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él»
    Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas que llevaba puesta, lo cogieron y lo echaron en un pozo. El pozo estaba vacío, sin agua. Luego se sentaron a comer y al levantar la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto.
    Judá propuso a sus hermanos:
    «¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra» Los hermanos aceptaron.
    Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo, lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
    «Escuchad otra parábola:
    Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
    Llegado el tiempo de los frutos, envío sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
    Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”.
    Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
    Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
    Le contestaron:
    «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos».
    Y Jesús les dice:
    «¿No habéis leído nunca en la Escritura:
    “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
    Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?
    Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
    Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
    Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

    Palabra del Señor.

  2. #6632

  3. #6633
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    Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.
    Como cuando saliste de Egipto les hará ver prodigios.
    ¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?
    No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.
    Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
    Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad como antaño prometiste a nuestros padres .





    En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.
    Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
    «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
    Jesús les dijo esta parábola:
    «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
    El padre les repartió los bienes.
    No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
    Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
    Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
    Recapacitando entonces, se dijo:
    “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
    Su hijo le dijo:
    “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
    Pero el padre dijo a sus criados:
    “Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.
    Su hijo mayor estaba en el campo.
    Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
    Este le contestó:
    “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud “. Él se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
    Y él replicó a su padre:
    “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo:
    “Hijo, tú estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”».

    Palabra del Señor.

  4. #6634

  5. #6635
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    En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo:
    «¿Por qué nos ha sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».
    Clamó Moisés al Señor y dijo:
    «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».
    Respondió el Señor a Moisés.
    «Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos dc los anciano de Israel; empuña el bastón con que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».
    Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meríbá,
    a causa de la querella de los hijos Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
    «¿Está el Señor entre nosotros o no?».





    Hermanos:
    Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor
    Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
    En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.





    En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob
    a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
    Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo.
    Era hacia la hora sexta.
    Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
    «Dame de beber».
    Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
    La samaritana le dice:
    «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mi, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
    Jesús le contestó:
    «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
    La mujer le dice:
    «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
    Jesús le contestó:
    «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
    La mujer le dice:
    «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén» Jesús le dice:
    «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
    Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.» La mujer le dice:
    «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
    Jesús le dice:
    «Soy yo, el que habla contigo.»
    En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación,
    y decían a la mujer:
    «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

    Palabra del Señor.

  6. #6636

  7. #6637
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    En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:
    «Ve y habla a mi siervo David:
    “Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.
    Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
    Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
    Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmen ante mí; tu trono durará para siempre”».





    Hermanos:
    No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero del mundo.
    Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.
    Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho:
    «Así será tu descendencia».
    Por lo cual le fue contado como justicia.




    [SIZE="3"]
    Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
    El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
    María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
    José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
    «José, hijo de David, no tengas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

    Palabra del Señor.

  8. #6638

  9. #6639
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    En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzo la voz en medio del fuego y dijo:
    «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.
    Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.
    Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.
    En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.
    Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.
    Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.
    Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.
    Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».





    En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
    «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta:
    «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
    Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados.
    Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
    “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.”
    Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes”.
    El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.”
    Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
    Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
    “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
    Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

    Palabra del Señor.

  10. #6640

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