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  1. #6881
    Senior Member nieto1 va por un camino distinguido Avatar de nieto1
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    En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
    Y se los miraba a todos con mucho agrado.
    Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
    Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
    Les hicieron comparecer ante el sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo
    «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado
    Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
    Pedro y los apóstoles replicaron:
    «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
    Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
    El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.





    Hermanos:
    Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de
    Dios y no proviene de nosotros.
    Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
    Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
    Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
    Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.





    En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:
    ¿«Qué deseas?».
    Ella contestó:
    «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
    Pero Jesús replicó:
    «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
    Contestaron:
    «Podemos».
    Él les dijo:
    «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
    Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
    «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
    Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

    Palabra del Señor.

  2. #6882

  3. #6883
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    Toda la comunidad de los hijos de Israel partió de Elín y llegó al desierto de Sin, entre Elín y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.
    La comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
    «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad».
    El Señor dijo a Moisés:
    «Mira, haré llover pan del cielo para vosotros: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi instrucción o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido y será el doble de lo que recogen a diario».
    Moisés dijo a Aarón:
    «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones” ».
    Mientras Aarón hablaba a la comunidad de los hijos de Israel ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube.
    El Señor dijo a Moisés:
    -«He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: “Al atardecer comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro”».
    Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, como escamas, parecido a la escarcha sobre la tierra. Al verlo, los hijos de Israel se dijeron:
    «¿Qué es esto?».
    Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:
    «Es el pan que el Señor os da de comer.»





    Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
    Les habló mucho rato en parábolas:
    «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
    Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
    Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.
    Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra sesenta; otra, treinta.
    El que tenga oídos, que oiga».

    Palabra del Señor.

  4. #6884

  5. #6885
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    A los tres meses de salir de la tierra de Egipto, aquel día, los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí. Salieron de Refidín, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.
    El Señor le dijo:
    «Voy a acercarme a ti en una nube espesa, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo hable contigo, y te crean siempre».
    Y Moisés comunicó al Señor lo que el pueblo había dicho.
    El Señor dijo a Moisés:
    «Vuelve a tu pueblo y purifícalos hoy y mañana, que se laven la ropa y estén preparados para el tercer día; pues el tercer día descenderá el Señor sobre la montaña del Sinaí a la vista del pueblo ».
    Al tercer día, al amanecer, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre la montaña; se oía una fuerte sonido de trompeta; y toda la gente que estaba en el campamento se echó a temblar.
    Moisés sacó al pueblo del campamento, al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie de la montaña.
    La montaña del Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre ella en medio de fuego. Su humo se elevaba como el de un horno y toda la montaña temblaba con violencia.
    El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. El Señor descendió al monte Sinaí, a la cumbre del monte. El Señor llamó a Moisés a la cima de la montaña.





    En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:
    «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó:
    «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías:
    “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.
    Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.
    En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron».

    Palabra del Señor.

  6. #6886

  7. #6887
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    En aquellos días, el Señor pronunció estas palabras:
    «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.
    No tendrás otros dioses frente a mí.
    No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.
    No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian.
    Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos.
    No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso.
    No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
    Recuerda el día del sábado para santificarlo.
    Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso, consagrado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que reside en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos; y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
    Honra a tu padre y a tu madre: para que se prolonguen tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar.
    No matarás.
    No cometerás adulterio.
    No robarás.
    No darás testimonio falso contra tu prójimo.
    No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu projimo.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «Vosotros, pues oíd lo que significa la parábola del sembrador:
    Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
    Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
    Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

    Palabra del Señor.

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