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  1. #7031

  2. #7032
    Senior Member nieto1 va por un camino distinguido Avatar de nieto1
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    Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña.
    Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.
    La entrecavó, quito las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un
    lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.
    Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
    ¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no lo hubiera hecho?
    ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?
    Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada.
    La convertiré en un eril: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido.
    Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.





    Hermanos:
    Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
    Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
    Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
    Y el Dios de la paz estará con vosotros.





    En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
    «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
    Llegado el tiempo de los frutos, envío sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
    Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
    Y, agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestaron:
    «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos». Y Jesús les dice:
    « ¿No habéis leído nunca en la Escritura:
    “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?
    Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

    Palabra del Señor.

  3. #7033

  4. #7034
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    El Señor dirigió su palabra a Jonás, hijo de Amitai, en estos términos:
    «Ponte en marcha, ve a Nínive, la gran ciudad, y llévale este mensaje contra ella, pues me he enterado de sus crímenes».
    Jonás se puso en marcha para huir a Tarsis, lejos del Señor. Bajó a Jafa y encontró un barco que iba a Tarsis; pagó el pasaje y embarcó para ir con ellos a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor envió un viento recio y una fuerte tormenta en el mar, y el barco amenazaba con romperse.
    Los marineros se atemorizaron y se pusieron a rezar, cada uno a su dios. Después echaron al mar los objetos que había en el barco, para aliviar la carga. Jonás bajó al fondo de la nave y se quedó allí dormido. El capitán se le acercó y le dijo:
    «¿Qué haces durmiendo? Levántate y reza a tu Dios; quizá se ocupe ese Dios de nosotros y no muramos». Se dijeron unos a otros:
    «Echemos suertes para saber quién es el culpable de que nos haya caído esta desgracia». Echaron suertes y le tocó a Jonás.
    Entonces le dijeron:
    «Dinos quién tiene la culpa de esta desgracia que nos ha sobrevenido, de qué se trata, de dónde vienes, cuál es tu país y de qué pueblo eres». Jonás les respondió:
    «Soy hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme». Muchos de aquellos hombres se asustaron y le preguntaron:
    «¿Por qué has hecho eso?».
    Pues se enteraron por el propio Jonás de que iba huyendo del Señor. Después le dijeron:
    «¿Qué vamos hacer contigo para que se calme el mar?» Pues la tormenta arreciaba por momentos.
    Jonás les respondió:
    -«Agarradme, echadme al mar y se calmará. Bien sé que soy el culpable de que os haya sobrevenido esta tormenta».
    Aquellos hombres intentaron remar hasta tierra firme, pero no lo consiguieron, pues la tormenta arreciaba. Entonces rezaron así al Señor:
    «¡Señor!, no nos hagas desaparecer por culpa de este hombre; no nos imputes sangre inocente, pues tú, Señor , actúas como te gusta». Después agarraron a Jonás y lo echaron al mar. Y el mar se calmó.
    Tras ver lo ocurrido, aquellos hombres temieron profundamente al Señor, le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos.
    El Señor envió un gran pez para que se tragase a Jonás, y allí estuvo Jonás, en el vientre del pez, durante tres días con sus tres noches.
    El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.





    En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
    «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» Él le dijo:
    «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?». Él respondió:
    «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo». Él le dijo:
    «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
    «¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo:
    «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo:
    “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.
    ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él contestó:
    «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo:
    «Anda, haz tú lo mismo».

    Palabra del Señor.

  5. #7035

  6. #7036
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    El Señor dirigió la palabra por segunda vez a Jonás. Le dijo así:
    «Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive, allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».
    Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
    «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada»
    Los ninivitas creyeron en Dios; proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.
    La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó del trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros:
    «Que hombres y animales, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua.
    Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia. ¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá.!». Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.





    En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
    Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:
    «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor:
    «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

    Palabra del Señor.

  7. #7037

  8. #7038
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    Jonás se disgustó y se indignó profundamente. Y rezó al Señor en estos términos:
    «No lo decía yo, Señor, cuando estaba en mi tierra? Por eso intenté escapar a Tarsis, pues bien sé que eres un Dios bondadoso, compasivo, paciente y misericordioso, que te arrepientes del mal.
    Así que, Señor, toma mi vida, pues vale más morir que vivir». Dios le contesto:
    «¿Por qué tienes ese disgusto tan grande?».
    Salió Jonás de la ciudad, y se instaló al oriente. Armó una choza y se quedó allí, a la sombra, hasta ver qué pasaba con la ciudad.
    Dios hizo que una planta de ricino surgiera por encima de Jonás, para darle sombra a su cabeza y librarlo de su disgusto. Jonás se alegró y se animó mucho con el ricino. Pero Dios hizo que, al día siguiente, al rayar el alba, un gusano, atacase al ricino, que se secó.
    Cuando salió el sol, hizo Dios que soplase un recio viento solano; el sol pegaba en la cabeza de Jonás, que desfallecía y se deseaba la muerte:
    «Más vale morir que vivir», decía. Dios dijo entonces a Jonás:
    «¿Por qué tienes ese disgusto tan grande por lo del ricino?». Él contestó:
    «Lo tengo con toda razón. Y es un disgusto de muerte». Dios repuso:
    «Tú te compadeces del ricino, que ni cuidaste ni ayudaste a crecer, que una noche surgió y en otra desapareció, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?».





    Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
    «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo:
    «Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”».

    Palabra del Señor.

  9. #7039

  10. #7040
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    En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel, para subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas.
    Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando los varales sobre sus hombros.
    David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales - arpas, cítaras y platillos - para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.
    Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado.
    Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.





    En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantando la voz, le dijo:
    «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo:
    «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

    Palabra del Señor.

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